Sí, campanilla, la de Peter Pan. La olvidada campanilla. A muy pocos le importaban los sentimientos de campanilla, todos los niños querian que Peter se fuera con Wendy, la chica encantadora que le cosio su sombra a los pies, que le dejó la medicina cuando ella decidió hacerse mayor y dejarle.. Oh, qué graaan persona. Y una mierda! ¿Crecer? No te importa crecer si tienes a el amor de tu vida para siempre al lado tuyo.. El verdadero amor era el de Campanilla, que arriesgó su vida bebiéndose la medicina envenenada para que no muriera Peter, y todo.. ¿Para qué? Para que él la empujara, para que él sólo se fijara en la bonita niña de rizos indefinidos y un beso en la comisura derecha..Sin duda alguna, Peter Pan es uno de los cuentos más sinceros que nos contaban de pequeñas respecto al amor. Nada de zapatos de cristal que no se rompen, nada de besos que rompen maldiciones ni castillos protegidos por dragones..
Sino una chica enamorada de un chico que solo quiere a otra..
(;
Sabemos que el agua moja, que si pica es porque se está curando, que el fuego quema, sabemos que no importa que juegues con él porque te quemarás igual, que si besas un sapo no se convertirá en un príncipe, sabemos que si te caes duele, que fumar mata, que si estás dispuesto a perderlo todo puedes conseguir cualquier cosa, sabemos que los amigos de la infancia pocas veces son para siempre, que no debemos decir ni “nunca” ni “siempre”, que Dios no existe, que rezar no sirve para nada, que padres no hay más que unos, que muchas de las cosas que hacemos están mal y que siempre hay un modo mejor de hacerlas, sabemos que los hombres también lloran, que llorar no arregla nada, que con la fuerza no se obtiene respeto si no miedo, que los tequieros están sobrevalorados, que la vida es corta, que todos somos iguales, que el amor existe, sabemos que a todos nos gusta que nos tengan envidia, que nos gusta que sientan celos por nosotros, sabemos que el amor duele. Pero, amamos, somos celosos, nos quejamos de los envidiosos, nos creemos especiales, perdemos el tiempo, decimos “te quiero”, lloramos y pensamos que los hombres no lo hacen, hacemos cosas malas, nos enfadamos con nuestros padres, rezamos cuando estamos en apuros, decimos a todas horas “nunca” y decimos “siempre”, juramos a nuestros amigos que estaremos siempre, nos rendimos, fumamos, buscamos sapos que se conviertan en príncipes, jugamos con fuego, nos quejamos de dolor cuando nos curan y salimos de casa sin paraguas cuando llueve. Así que,
¿Por qué no?
¿Por qué no?
