Muchas veces dicen que las apariencias engañan. En mi caso es lo correcto. A priori parezco fria, vergonzosa, sin personalidad alguna. Solo hay algunas pocas personas que apuestan por conocerme, por conocer como soy. Otras en cambio, se quedan con lo que ellos creen que soy, no apuestan por mi.
Aquellas personas que apuestan por mi son las que verdaderamente aprecio. No todos aparentamos lo que somos, y ellos conocen como soy. Soy una chica tímida, pero solo al principio. Me siento agusto con la gente que conozco, pero con la que no conozco no tanto. Me cuesta mostrar mis sentimientos a la gente, pero cuando lo hago se quedan asombrados por todo lo que me he guardado. Yo creo que siempre hay que apostar por las personas, por conocerlas, por saber como son. Yo nunca me he cerrado en banda a conocer a alguien, no me guio por las primeras impresiones, por que luego pueden cambiar.
(;
Sabemos que el agua moja, que si pica es porque se está curando, que el fuego quema, sabemos que no importa que juegues con él porque te quemarás igual, que si besas un sapo no se convertirá en un príncipe, sabemos que si te caes duele, que fumar mata, que si estás dispuesto a perderlo todo puedes conseguir cualquier cosa, sabemos que los amigos de la infancia pocas veces son para siempre, que no debemos decir ni “nunca” ni “siempre”, que Dios no existe, que rezar no sirve para nada, que padres no hay más que unos, que muchas de las cosas que hacemos están mal y que siempre hay un modo mejor de hacerlas, sabemos que los hombres también lloran, que llorar no arregla nada, que con la fuerza no se obtiene respeto si no miedo, que los tequieros están sobrevalorados, que la vida es corta, que todos somos iguales, que el amor existe, sabemos que a todos nos gusta que nos tengan envidia, que nos gusta que sientan celos por nosotros, sabemos que el amor duele. Pero, amamos, somos celosos, nos quejamos de los envidiosos, nos creemos especiales, perdemos el tiempo, decimos “te quiero”, lloramos y pensamos que los hombres no lo hacen, hacemos cosas malas, nos enfadamos con nuestros padres, rezamos cuando estamos en apuros, decimos a todas horas “nunca” y decimos “siempre”, juramos a nuestros amigos que estaremos siempre, nos rendimos, fumamos, buscamos sapos que se conviertan en príncipes, jugamos con fuego, nos quejamos de dolor cuando nos curan y salimos de casa sin paraguas cuando llueve. Así que,
¿Por qué no?
¿Por qué no?
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